Formar agentes de cambio: El pensamiento sistémico como habilidad transversal para la sustentabilidad

La educación superior enfrenta el desafío de formar profesionales capaces de abordar crisis complejas. El pensamiento sistémico surge como una habilidad clave para integrar la sostenibilidad en todas las disciplinas y transformar la forma en que se toman decisiones.
Por Margarita Marín Guzmán
Directora de Sostenibilidad, Universidad Bernardo O’Higgins

Esta habilidad —comprender interconexiones, anticipar efectos en cascada, diseñar soluciones
integradas
— es la que permite que la sustentabilidad deje de ser un tema aislado y se convierta
en una forma de pensar y actuar profesional.
Y ya sabemos cómo desarrollarla.

Pensar en sistemas, actuar con coherencia

El pensamiento sistémico reconoce que los problemas complejos no admiten soluciones
fragmentadas
. Al diseñar un edificio, no solo resuelves necesidades de espacio: defines
consumo energético, generación de residuos, calidad de vida de quienes lo habitarán e impacto
urbano. Al comunicar una política pública, no solo informas: construyes narrativas que habilitan
o bloquean acción colectiva.

Esta lógica relacional es la que distingue a profesionales capaces de enfrentar crisis sistémicas
—cambio climático, desigualdad, colapso ecosistémico— de quienes perpetúan los modelos
que las generaron. Y no es exclusiva de ninguna disciplina: la ingeniería puede diseñar
procesos industriales circulares, la comunicación puede articular emociones con movilización
social, la contabilidad puede valorar activos ambientales, el derecho puede legislar cierre de
brechas estructurales.

Sostenibilidad: más allá del medioambiente

Reducir sostenibilidad a reciclaje o reforestación invisibiliza su dimensión social. La Agenda
2030 lo explicita: sostenibilidad integra educación de calidad, igualdad de género, trabajo
decente, ciudades inclusivas, justicia.
Cada profesión tiene un punto de entrada: desde la
psicología se pueden diseñar programas de salud mental en contextos vulnerables, el diseño
puede crear productos accesibles, la economía puede modelar distribución equitativa de
riqueza, la docencia puede enseñar desde metodologías que desarrollen pensamiento crítico.

Margarita Marín Guzmán
Directora de Sostenibilidad, Universidad Bernardo O’Higgins

Cuando la sustentabilidad deja de ser “un tema más” y se reconoce como lógica de acción, el currículum no requiere sobrecarga: requiere reenfoque. No carreras separadas sobre
sustentabilidad, sino profesionales de cualquier disciplina tomando decisiones conscientes de su
impacto sistémico.

Dos palancas concretas: resultados de aprendizaje y metodologías activas.

Integrar pensamiento sistémico en currículum no exige revolución estructural. Requiere dos
movimientos estratégicos:

Primero, declarar habilidades transversales como resultados de aprendizaje. Si el perfil de
egreso establece que “la persona profesional debe analizar problemas complejos considerando
dimensiones ambientales, sociales y económicas interconectadas”, la institución completa se
compromete. Ese compromiso se operacionaliza en cada asignatura, evalúa en cada rúbrica,
mide en cada acreditación.

Segundo, implementar metodologías activas. Aprendizaje basado en proyectos con
organizaciones reales, estudio de casos territoriales, resolución colaborativa de problemas sin
respuesta única. Estas metodologías sacan al estudiantado de la pasividad receptiva y lo sitúan
en escenarios donde conectar conocimiento técnico con propósito social es condición de éxito.
Aquí no se teoriza sobre sostenibilidad: se practica.

En la Universidad Bernardo O’Higgins esto dejó de ser aspiración. La integración transversal de
sustentabilidad en todo pregrado, con resultados de aprendizaje explícitos y metodologías
activas documentadas, demuestra viabilidad. El estudiantado trabaja en gestión integral de
residuos dentro del campus, diseña rutas de movilidad sostenible con datos reales, co-crea
campañas de equidad de género para su comunidad, entre otras iniciativas.

Estos no son “bonitos proyectos extracurriculares“. Son espacios formativos donde quien
estudia aprende que su conocimiento técnico tiene consecuencia social
, que trabajar en equipo
es condición profesional, que pensar críticamente exige ver conexiones invisibles para quienes
fragmentan. Esas personas egresan con convicción: su profesión puede transformar, no solo
describir el mundo.

Formar quienes toman decisiones: la clave de escala

La educación superior no sólo transmite conocimiento: forma tomadoras y tomadores de
decisiones. Decisiones de inversión, diseño, política pública, gestión, comunicación. Cada una
con consecuencias ambientales y sociales, reconocidas o no.

Si el cuerpo profesional egresado piensa sistémicamente, comprende el impacto de sus
decisiones, prioriza el bienestar colectivo sobre beneficio individual inmediato, la transición
hacia sostenibilidad se acelera.
Porque las crisis sistémicas no las resolverán solo especialistas
en medioambiente o desarrollo sostenible. Las resolverán miles de profesionales de todas las
disciplinas integrando sostenibilidad en su quehacer.

Esa es la escala que cambia sistemas. No un puñado de expertas en sostenibilidad, sino
generaciones completas de profesionales cuya forma de trabajar, crear y decidir ya incorpora
lógica sistémica.

Corresponsabilidad para la transformación

Si eres parte del estudiantado, exige currículum pertinente para desafíos reales. Pregunta
cómo tu disciplina contribuye a la sustentabilidad. Busca proyectos donde aplicar aprendizajes
en problemas concretos. Sal del aula, conoce tu territorio.

Si ejerces docencia, integra pensamiento sistémico en tus asignaturas. Diseña actividades
donde el estudiantado vea conexiones entre tu disciplina y desafíos socioambientales.
Implementa metodologías que activen, no solo informen.

Si trabajas en gestión universitaria, evalúa resultados de aprendizaje declarados y
sistematízalo, mídelo y mejóralo continuamente.

Si empleas talento profesional, reconoce y valora pensamiento sistémico, compromiso social,
capacidad colaborativa.
Esas competencias lideran la transformación.

Formar agentes de cambio no es tendencia pasajera: es la responsabilidad ética de la
educación superior en tiempos de crisis múltiples.
Los instrumentos existen. La evidencia
funciona. Falta voluntad institucional para hacerlo norma, no excepción.

Porque el futuro sostenible lo construiremos todas las personas, desde nuestras profesiones,
cuando aprendamos a ver el mundo como sistema interconectado donde nuestras decisiones
importan.

Sobre la autora: Margarita Marín Guzmán es Directora de Sostenibilidad de la Universidad
Bernardo O’Higgins y presidenta del Comité de Sostenibilidad Institucional de la misma casa de
estudio. Académica e investigadora, cuyo trabajo se enfoca en educación para la
sostenibilidad, comunicación sostenible y gobernanza universitaria basada en evidencia.

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Mayo 4, 2026

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