Día Mundial de las Abejas: Proteger a quienes sostienen silenciosamente la biodiversidad
Cada 20 de mayo, el Día Mundial de las Abejas nos invita a detenernos y reflexionar sobre el rol fundamental que desempeñan estos insectos en el equilibrio de los ecosistemas y en nuestra propia supervivencia. Cuando hablamos de crisis ambiental solemos pensar en fenómenos visibles y de gran escala, como el cambio climático, la contaminación o la pérdida de bosques. Sin embargo, existen procesos ecológicos silenciosos, menos evidentes para la vida cotidiana, pero igualmente esenciales para sostener la biodiversidad y los sistemas alimentarios. Uno de ellos es la polinización.
Por Karen Yáñez
Investigadora y directora del USM Bee Lab
La polinización constituye un servicio ecosistémico indispensable para el funcionamiento de la naturaleza. Gracias a ella, miles de especies vegetales logran reproducirse, mantener su diversidad genética y sostener redes ecológicas complejas de las cuales dependen innumerables organismos. Además, una parte significativa de los alimentos que consumimos diariamente está vinculada, de manera directa o indirecta, al trabajo de los polinizadores.

Investigadora y directora del USM Bee Lab
Con frecuencia, las abejas son asociadas únicamente a productos como la miel, el polen o la cera. Si bien estos productos tienen un enorme valor nutricional, económico y cultural, la verdadera magnitud de la importancia de las abejas va mucho más allá de aquello que producen para las personas. Su principal contribución radica en su capacidad de polinizar, permitiendo la reproducción de plantas silvestres y agrícolas, fortaleciendo la biodiversidad y contribuyendo a ecosistemas más resilientes frente a los cambios ambientales.
En este contexto, es importante recordar que no existe una sola abeja. Actualmente, se estima que existen más de 20.000 especies de abejas distribuidas en el mundo, con tamaños, comportamientos, hábitats y formas de vida extraordinariamente diversos. Algunas son sociales y viven en colonias organizadas; muchas otras son solitarias. Algunas habitan bosques, otras zonas áridas o ecosistemas urbanos. Esta diversidad de especies refleja también la enorme complejidad ecológica de los procesos de polinización y la necesidad de comprenderlos desde una mirada amplia y territorial.
Las abejas y la investigación
Cuando hablamos de investigación científica sobre abejas, una de las especies más estudiadas es la abeja melífera, Apis mellifera, conocida comúnmente como abeja de la miel. Desde el punto de vista científico, esta especie representa un valioso sistema modelo de estudio. Su comportamiento social altamente organizado, su importancia ecológica y productiva, y la posibilidad de monitorear diversos parámetros biológicos y ambientales la convierten en una plataforma excepcional para comprender fenómenos asociados a salud animal, contaminación, nutrición, resiliencia ecológica, comportamiento colectivo e incluso inteligencia biológica.
Trabajar con Apis mellifera no implica desconocer la importancia de las demás especies de abejas; al contrario, permite generar conocimiento transferible hacia una comprensión más profunda de las amenazas y oportunidades asociadas a la conservación de polinizadores. La pérdida de hábitat, el uso intensivo de pesticidas, el cambio climático, las enfermedades emergentes y la disminución de diversidad floral son algunos de los múltiples factores que afectan a distintas especies de abejas a nivel global. Comprender estos procesos requiere investigación interdisciplinaria, monitoreo constante y colaboración entre el mundo científico, productivo y social.
El desafío institucional
Frente a este desafío, las Instituciones de Educación Superior tienen una responsabilidad especialmente relevante. Su rol no se limita únicamente a producir conocimiento científico, sino también a formar profesionales conscientes de los desafíos socioambientales, promover la divulgación, fortalecer la vinculación con comunidades y desarrollar soluciones tecnológicas aplicadas a problemáticas reales.
Desde la Universidad Técnica Federico Santa María, el proyecto USM Bee Lab ha impulsado una línea de trabajo orientada a la investigación aplicada, la biotecnología y la sanidad apícola, utilizando Apis mellifera como sistema modelo para estudiar fenómenos asociados a la salud de las colmenas, el impacto ambiental y el desarrollo de tecnologías con potencial de transferencia. Paralelamente, hemos promovido iniciativas vinculadas a la apicultura urbana, la educación científica y la sensibilización sobre el rol de las abejas y otros polinizadores, acercando la ciencia a estudiantes, comunidades y territorios.
Estas experiencias muestran cómo la ciencia, la ingeniería y la sustentabilidad pueden converger para enfrentar desafíos concretos, desde el monitoreo del bienestar de las colmenas hasta la generación de estrategias que favorezcan prácticas apícolas más sostenibles y entornos urbanos más amigables con la biodiversidad. Asimismo, permiten comprender que los campus universitarios pueden transformarse en verdaderos espacios de aprendizaje vivo, donde la sustentabilidad no solo se enseña, sino que también se experimenta.

Crear espacios con vegetación diversa, fomentar corredores biológicos, promover especies florales nativas, reducir el uso innecesario de agroquímicos y fortalecer programas de educación ambiental son acciones que pueden contribuir significativamente a la protección de los polinizadores. Más allá de la escala de intervención, todas estas medidas comparten un principio común: reconocer que la sustentabilidad también se construye atendiendo procesos pequeños, muchas veces invisibles, pero profundamente determinantes para la vida.
En el Día Mundial de las Abejas, la invitación es a ampliar nuestra mirada. Hablar de abejas no significa hablar únicamente de miel ni exclusivamente de una especie; significa reconocer una red biológica compleja y extraordinaria, compuesta por miles de especies que sostienen silenciosamente ecosistemas, alimentos y biodiversidad. Protegerlas no es solamente un desafío para apicultores, investigadores o instituciones: es una responsabilidad compartida que nos interpela como sociedad y que nos recuerda que, muchas veces, aquello que parece pequeño es precisamente lo que sostiene lo esencial.
