Contribuir a los ODS desde la educación superior

A cuatro años del plazo para cumplir los ODS, en esta columna se evalúa si estamos avanzando con la velocidad y profundidad que estos desafíos requieren.

Imagen de portada de la columna "Contribuir a los ODS desde la Educación Superior". Muestra un fondo con una vegetación verde. En el centro hay una iconografía de institución y la rodean los distintos símbolos de los 17 ODS.

Nos encontramos a solo cuatro años del plazo establecido para el cumplimiento de la Agenda 2030 y de los ampliamente reconocidos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), consolidados como una hoja de ruta global compuesta por 17 objetivos en favor de las personas, el planeta y la prosperidad.

Javiera Rocha, Miembro del Directorio de la Red Campus Sustentable y Directora del Programa de Sustentabilidad de la Universidad Tecnológica Metropolitana.
Javiera Rocha Cortés
Directora de la Red Campus Sustentable
Directora Programa de Sustentabilidad UTEM

Sin embargo, a medida que nos acercamos al año 2030, surge una pregunta inevitable: ¿estamos avanzando con la velocidad, profundidad y coherencia que estos desafíos requieren? Porque la sostenibilidad ya no puede ser entendida como un concepto complementario, una línea de acción aislada o una buena intención institucional. Hoy constituye una exigencia ética, estratégica y urgente.

El rol de las IES

Los desafíos planteados permean progresivamente distintos niveles de acción: gobiernos, empresas, organizaciones de la sociedad civil y, de manera especialmente relevante, instituciones de educación superior. Estas últimas cumplen un rol estratégico, no solo por su capacidad de formar profesionales y generar conocimiento, sino también por su responsabilidad de impulsar transformaciones desde sus propias comunidades.

Ocupan una posición privilegiada para originar y acelerar cambios. se trata de espacios en los que se forman las personas que tomarán decisiones en el futuro y se promueve el pensamiento crítico, se abren instancias de diálogo y debate, generando conocimiento, evidencia e innovación para enfrentar problemas cada vez más complejos.

Asimismo, cumplen un rol articulador clave al vincularse con los territorios, el sector público, el mundo productivo y las comunidades, conectando el saber académico con las necesidades reales del entorno.

Coherencia entre lo que se declara y lo que se transforma

La contribución de la educación superior al cumplimiento de los ODS no puede limitarse a la incorporación del lenguaje de la sostenibilidad en discursos, planes estratégicos o actividades puntuales. El verdadero desafío está en integrar estos objetivos de manera transversal en la gestión institucional, los procesos formativos, la investigación, la vinculación con el medio y la propia cultura organizacional.

Esto implica preguntarse, con honestidad institucional, si las decisiones cotidianas están alineadas con los principios que la Agenda 2030 promueve: inclusión, equidad, justicia social, acción climática, trabajo decente, innovación, alianzas y cuidado de los ecosistemas. Hablar de sostenibilidad sin transformar prácticas, indicadores y formas de gestión es permanecer en el plano declarativo. El verdadero desafío está en lograr coherencia entre lo que se declara, lo que se decide y lo que efectivamente se transforma.

Por ello, las instituciones de educación superior están llamadas a convertirse en verdaderos laboratorios vivos de sustentabilidad, capaces de formar profesionales con conciencia crítica, generar conocimiento pertinente y construir soluciones colaborativas junto a las comunidades. Esto supone avanzar desde una mirada fragmentada hacia una gestión más integrada, donde la sostenibilidad no dependa solo de voluntades individuales o iniciativas aisladas, sino de capacidades institucionales instaladas, medibles y sostenibles en el tiempo.

Quedan solo cuatro años para avanzar hacia el cumplimiento de los ODS. El desafío es grande y, probablemente, después de 2030 surgirán nuevas metas y desafíos aún más complejos. Sin embargo, la sostenibilidad no termina con una fecha; es un compromiso permanente. Serán las instituciones con visión de futuro las que seguirán marcando liderazgo, impulsando la innovación en los sistemas educativos y consoliden nuevas formas de aprender, gestionar y colaborar.

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Junio 23, 2026

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