¿Por qué nadie hace nada? ¿Por qué debería yo entonces hacerlo?
Una columna sobre las distintas barreras que suelen impedir la acción climática, y algunas formas de sortearlas.
Por Francisco Urquiza
Socio Profesional de la Red Campus Sustentable
Estas preguntas bien genéricas y burdas están más presentes de lo que queremos reconocer en nuestras vidas. Aparecen como frustración frente a injusticias, la pasividad y la inacción de la sociedad ante el deterioro ambiental, o la insensibilidad brutal de líderes y poderosos que empujan guerras o industrialización acelerada con efectos devastadores en comunidades y ecosistemas de todo el mundo.
¿Por qué nadie hace nada?
Evidentemente esa pregunta parte de una premisa falsa, se hace mucho y son muchas las personas implicadas, pero “la contienda es desigual”. La sensación que perdura en la población es de una brecha enorme entre problemas que se acumulan y nuestra capacidad de respuesta, dicha sensación nos lleva a la segunda pregunta. que suena legítima desde dicha percepción:

Socio Profesional Red Campus Sustentable
¿Para qué hacer algo yo?
Nos damos cuenta de que la fórmula que hemos pretendido aplicar para generar estos grandes y necesarios cambios de conciencia, y la movilización de voluntades transversales necesarias para: resolver la pobreza, las injusticias, el cambio climático. y un largo etc., está incompleta. Hemos pretendido por demasiado tiempo que a fuerza de datos, conocimiento y argumentos podríamos inclinar esa balanza de la opinión pública, lograr la masa crítica social necesaria.
Lamentablemente la realidad pone en duda esta estrategia. Antes de que se interprete mal mi mensaje, no estoy desconociendo el valor de la ciencia, los argumentos robustos y la evidencia, tan solo planteando que son condiciones necesarias, pero claramente no suficientes, ya que deben sortear múltiples barreras sicológicas:
Barreras cognitivas
Nuestro cerebro evolucionó para detectar amenazas cercanas en tiempo y espacio: el león agazapado en la pradera, una tribu rival del valle vecino. Podemos responder de manera ágil a estas amenazas con sistemas de emergencia, pero estos activados mucho tiempo deterioran nuestro organismo. Como consecuencia y para evitar este deterioro que podría producir sostener un estado de alerta constante provocado por ejemplo por un flujo de noticias sobre catástrofes, guerras, delincuencia.. etc., se produce un entumecimiento, estas señales comienzan a transformarse en ruido de fondo (como el sonido del refrigerador o un ventilador), esto no es indolencia, es un mecanismo de escape, un fusible sicológico para evitar “tostarnos”.
Otra consecuencia es que nuestro sistema nervioso descuenta más las amenazas del futuro y pone énfasis en las cercanas (Gifford, 2011). Desde esta perspectiva la amenaza climática: difusa, global, con lo peor en futuras décadas… es difícil de procesar. Lo mismo aplica para todas las fronteras planetarias, la contaminación del aire e incluso nuestra renuencia a sopesar los efectos de largo plazo del uso intensivo de redes sociales y el dominio sin freno que está tomando la IA. La sabiduría popular intenta alertarnos de estas tendencias: “pan para hoy, hambre para mañana”.
Barrera identitaria
De acuerdo con la investigación sobre barreras psicológicas a la acción climática (Gifford, 2011), al parecer el mejor predictor de la inacción climática no es falta de conocimiento, sino percibir que un discurso, dato o llamada a la acción, por muy sensata y justificada que esté, está en contradicción con mi identidad, sea esta política o social. Si esta se ve amenazada surgen mecanismos psicológicos de defensa que nos llevan a evadirnos o a buscar argumentos para continuar justificando mi estilo de vida, mi domicilio ideológico, o cualquier característica identitaria en tensión.
Es cosa de pensar qué opinan los golfistas de la absurda práctica de regar vastas extensiones de césped en climas semi-áridos para que un puñado de adinerados disfrute de su deporte. Simplemente no se lo cuestionan, ya que parte de su identidad es ser golfista. (Si eres golfista en este momento seguramente te sentirás ofendido o incómodo, antes de reaccionar considera que justamente lo que sucede es que este mecanismo está operando en ti). Lo mismo aplicaba no hace mucho a los fumadores, y también podría estar asociado a la defensa irracional de quienes manejan vehículos enormes, de alto consumo y claramente inadecuados para una ciudad. Identidad, identidad, identidad.
Lo interesante de esta barrera es que si se logra desarticular esta identidad, o deslegitimarla socialmente (como ha pasado con fumadores) y además se cultivan otras más social y ambientalmente responsables, puede transformarse en movimientos potentes. En esta línea podríamos pensar en la creciente comunidad vegana o vegetariana, que descomprime en parte la demanda por carnes rojas. ¿Cómo incomodan a los amantes de la parrilla?
Barreras sociales
Aquí se manifiestan las preguntas del inicio. ¿Para qué hacer algo si otros no lo hacen? El grueso de nuestras convenciones y modos de habitar se validan por referencia de pares, así que, si mis vecinos o compañeros no lo hacen, ni te lo preguntas. Nadie quiere ser el bicho raro. Menos si percibes que los que tienen más poder y recursos no mueven un dedo. ¿Para qué regar menos si los golfistas riegan a mares su césped? Es un juicio justo pero inmovilizante. Es la vía de escape más fácil, pero quizás la herramienta más potente para cambios de tendencia si es bien entendida y usada.
Una derivada de esta barrera social es lo que se conoce como tokenismo (Gifford, 2011). Un gesto muy visible, pero de muy poco impacto, que a las grandes marcas les encanta entusiasmarnos a realizar. Tiene doble efecto, les valida sus prácticas insostenibles y actúa como placebo para quienes lo realizan… obvio que soy sustentable si reciclo… qué importa ese par de viajes al Caribe… ¿no? Ambos actos son incomparables, pero la latita bien reciclada ayuda a calmar las tensiones.
Las tiendas del retail también lo aplican con todo su poderío publicitario, convocándote a llevar prendas para su reciclaje (con toda probabilidad infraciclaje, terminan en materiales de peor calidad) y con eso tienes descuentos y beneficios para comprar, más ropa. ¿Lógico no? NO. Son placebos.
Barreras afectivas
Finalmente están las barreras afectivas. La pregunta de por qué nadie hace nada, a ratos se quiere responder con que a nadie le importa. Falso. Sí nos importa, no somos inmunes a la información. Pero puede ser tan abrumadora e intimidante que preferimos evadirnos, desconectarnos como mecanismo de sobrevivencia. Esto porque no estamos viendo formas de canalizar esa tensión. Aquí es donde se esconde una de las confusiones más dañinas, pero también, si se desarticula, quizás una de las más poderosas.
Creemos que el mundo está como está (disculpen la generalización), porque hay una mayoría indolente e insensible, o poco educada, o lo que sea nos inventamos en nuestra cabeza para explicarlo. Pero es más probable que exista una mayoría angustiada, saturada y disociada porque de manera similar a ti no es capaz de canalizar esto de manera adecuada (Lertzman, 2015). Hace poco en un curso hice un experimento muy simple, les pregunté a mis estudiantes qué tan dispuestos estaban a adoptar hábitos sostenibles, a participar más activamente en su promoción. Y luego les pregunté qué tan dispuestos creían que estaban sus pares. La paradoja que surge es ilustrativa: la gran mayoría declara estar dispuesta a adoptar estas acciones, pero también la mayoría considera que sus pares no. La paradoja es que la primera respuesta contradice la segunda.
Hay una brecha muy grande entre cómo nos percibimos y cómo percibimos a los demás. Este fenómeno tiene nombre: ignorancia pluralista, el malentendido compartido sobre lo que el resto piensa o hace. Y no es una anécdota de mi sala de clases: un estudio con más de seis mil personas encontró que entre el 80 y el 90% de los estadounidenses subestima cuánta gente apoya las principales políticas climáticas; mientras dos tercios o más respaldan esas medidas, la percepción general sitúa ese apoyo en torno a un 40% (Sparkman et al., 2022). Creemos vivir en una sociedad mayoritariamente indiferente cuando, con alta probabilidad, habitamos justo lo contrario.
¿Estamos entonces destinados al fracaso? ¿Estas barreras son insalvables?
Claro que no. Lo primero es reconocerlas, darnos cuenta de cuándo están operando en nosotros mismos y desactivarlas. Lo segundo es darnos cuenta de cuándo operan en los demás y ser más compasivos con sus respuestas y no caer en juzgar tan fácilmente y apuntar con el dedo. Eso solo nos distanciará más a unos de otros y de la posibilidad de encontrar consensos. También podemos usarlas a nuestro favor aplicando algunas palancas:
Inoculación preventiva: van der Linden y sus colaboradores (2017) propusieron que una forma de hacer más resistente a las personas a la desinformación, mentiras, negacionismo e incluso discursos de odio, es exponiendo a estos a versiones atenuadas de los mismos explicitando cómo operan. Es similar a lo que hace una vacuna, de ahí la analogía, donde se nos inyecta un virus atenuado para desarrollar inmunidad frente al verdadero.
Qué implica esto: por ejemplo, en vez de patalear y enojarnos por la desfachatez con que se niega el cambio climático, explica cómo operan estos argumentos negacionistas o que relativizan de manera mañosa la ciencia. De esta forma, da igual quién levante estas ideas, sea un personaje de gran audiencia o tu tío en un asado, ya estás preparado para reconocerlo. Este artículo de alguna manera aplica esta estrategia, al ilustrar las barreras sicológicas intento prevenirles de cuándo se activen.
Otra palanca interesante son las normas sociales, particularmente para segmentos de la sociedad que no podemos esperar a que desarrollen una conciencia profunda sobre desafíos socioambientales para actuar. Tenemos que encontrar la manera de hackear la percepción de qué es aceptable socialmente y qué no lo es. ¿Cómo se hace? No hay recetas, pero sin duda las campañas podrían ayudar, es cosa de ver cómo las marcas logran hacer creer a muchas personas que algo está de moda, cuando la verdad son ellos que a través de los mensajes e imágenes cuidadosamente bien diseñados buscan instalarlas.
Los cambios de normativa
En Chile, las restricciones sucesivas al tabaco (en particular la prohibición de fumar en espacios cerrados de acceso público) acompañaron la instalación de la idea de que fumar era socialmente condenable, hasta mal visto. La prevalencia viene cayendo de forma sostenida desde mediados de los 2000, lo que advierte que no se trata del efecto inmediato de una sola ley, sino de un cambio cultural acumulativo. Pero la señal más elocuente está en los más jóvenes: entre adolescentes de 13 a 15 años el consumo se redujo de 34,2% en 2008 a 17,2% en 2016 (Ministerio de Salud de Chile, 2017).
Sospecho que esa transformación de lo que se percibe como aceptable, más que cualquier norma aislada, explica buena parte del giro. También suele ser más efectivo si ya existe una masa crítica que en privado tiene estas convicciones y que al develarlas con normativas, campañas u otros gestos de alta visibilidad, salen de estas esferas y con orgullo muestran sus modos alternativos de vivir (Centola et al., 2018). Siempre es delicado este mecanismo, ya que se usa y se seguirá usando para manipular a las masas, no puede actuar solo.
Por último, quizás la palanca que a mí me parece más poderosa, es liberarnos de esta tensión entre lo pequeño de nuestras acciones y la enormidad de los desafíos. Hace años que circula asociado a esto el mensaje “cada granito de arena, cuenta”, y a mí me parece una metáfora espantosa.
Yo sé qué efecto tiene un granito de arena en una enorme playa, nada. El problema de la metáfora es que es rígida y obvia el hecho de que habitamos un mundo de esferas sociales y ecológicas interdependientes, densamente interconectadas, donde pequeñas acciones podrían potencialmente, dadas las condiciones, gatillar enormes cambios. Nuestra agencia es más poderosa cuando se aplica en reconocimiento de las esferas de influencia donde nos movemos.
No somos solo humanos, o granitos de arena en una playa, somos ciudadanos, amigos, referentes de otras personas, familiares, sí, también consumidores (Kukowski et al., 2026). Más que obsesionarnos con ese plástico bien lavado para su correcto reciclaje, invirtamos nuestra limitada energía y capacidad cognitiva en promover cambios desde donde tenemos influencia.
Sostengamos las conversaciones que se deben tener (y que a veces evitamos por incomodidad), promovamos los cambios en nuestras organizaciones y empresas que sabemos son necesarios, enseñemos (si son docentes) con enfoque crítico y emancipador (Freire, 1970/2018). También debemos reconocer que esas esferas de influencia en las que participamos no son estáticas: evolucionan. Podemos, si queremos, incrementar nuestra influencia para hacer el bien. Todos tienen influencia, hacernos cargo de esta es nuestra principal responsabilidad. Con todo esto, la pregunta más útil sería:
¿Qué puedo hacer yo desde mi espacio de influencia para contribuir?
PD: Y por favor dejemos de hablar de los granitos de arena.. ya?
Referencias
Imagen destacada: https://www.quintatrends.com/2023/01/que-paso-con-vertederos-ilegales-de-ropa-en-el-desierto.html
Centola, D., Becker, J., Brackbill, D., & Baronchelli, A. (2018). Experimental evidence for tipping points in social convention. Science, 360(6393), 1116–1119. <https://doi.org/10.1126/science.aas8827>
Freire, P. (1970/2018). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores. (Obra original publicada en 1970)
Gifford, R. (2011). The dragons of inaction: Psychological barriers that limit climate change mitigation and adaptation. American Psychologist, 66(4), 290–302. <https://doi.org/10.1037/a0023566>
Kukowski, C. A., Nielsen, K. S., Kühne, S. J., Hogan, C., van der Linden, S., Whitmarsh, L., Creutzig, F., & Nicholas, K. A. (2026). Leveraging agency for climate change mitigation. Nature Climate Change. <https://doi.org/10.1038/s41558-026-02644-7>
Lertzman, R. (2015). Environmental Melancholia: Psychoanalytic Dimensions of Engagement. Routledge.
Ministerio de Salud de Chile. (2017). Encuesta Mundial de Tabaquismo en Jóvenes (EMTJ) 2016. Departamento de Epidemiología, MINSAL, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). http://epi.minsal.cl/encuesta-oms-ops/
Sparkman, G., Geiger, N., & Weber, E. U. (2022). Americans experience a false social reality by underestimating popular climate policy support by nearly half. Nature Communications, 13, 4779. <https://doi.org/10.1038/s41467-022-32412-y>
Van der Linden, S., Leiserowitz, A., Rosenthal, S., & Maibach, E. (2017). Inoculating the public against misinformation about climate change. Global Challenges, 1(2), 1600008. <https://doi.org/10.1002/gch2.201600008>