¿Cien millones de años no son suficientes? El urgente llamado de las tortugas marinas
Columna en conmemoración del Día Mundial de las Tortugas Marinas.
Por Jorge Leiva González
Socio profesional RCS
Jefe de Carrera Ing. Civil en Medio Ambiente y Sustentabilidad
Universidad Bernardo O’Higgins
El 16 de junio es un día muy especial ya que se conmemora el día de las tortugas marinas. Esto parte con el nacimiento del zoólogo Archie Carr, padre de la biología de conservación de tortugas marinas, quien demostró en los años cincuenta, que realizan migraciones transoceánicas de miles de kilómetros para regresar a anidar exactamente donde nacieron, un hallazgo que transformó la comprensión de la navegación animal y sentó las bases del movimiento global de conservación de estas especies.
Casi setenta años después, la pregunta que su legado nos deja no pierde urgencia: ¿Por qué una criatura que sobrevivió intacta más de 100 millones de años enfrenta hoy su mayor amenaza de extinción en apenas dos siglos de actividad industrial humana?

Socio Profesional RCS
Jefe de Carrera Ing. Civil en Medio Ambiente y Sustentabilidad
Universidad Bernardo O’Higgins
Un rol ecológico fundamental
Las tortugas marinas no son solo un emblema de longevidad evolutiva, imagen que la cultura popular inmortalizó a través del personaje Crush en Buscando a Nemo, una tortuga verde centenaria que, ante la pregunta de Marlin sobre qué edad tiene, responde de manera icónica: “Ciento cincuenta años ¡y sigo joven, hermano! ¿No es genial?”.
Las tortugas marinas son especies clave cuya presencia estructura ecosistemas enteros. El problema, es que antes las poblaciones históricas de tortugas verdes en el Caribe superaban los 91 millones de individuos, cifra que contrasta dramáticamente con los menos de 30.000 estimados actualmente, causando no solo una pérdida numérica, sino que también representa el colapso funcional de un servicio ecosistémico crítico.
Por ejemplo, la tortuga verde es la única especie considerada principalmente herbívora entre los quelonios marinos. Al pastar sobre praderas de Thalassia y otras fanerógamas marinas, regula su crecimiento y evita la acumulación de biomasa que bloquearía la luz necesaria para los arrecifes coralinos subyacentes.
La tortuga carey, controla las poblaciones de esponjas en los arrecifes, liberando sustrato para el reclutamiento larval de coral. Adicionalmente, su sistema de alimentación facilita el transporte vertical de materia orgánica desde aguas superficiales hacia zonas abisales, contribuyendo activamente al ciclo del carbono oceánico. Su papel en la fertilización de dunas costeras mediante los nutrientes aportados durante la anidación ha sido igualmente documentado, con efectos positivos sobre la estabilidad de la vegetación.
El peso de las amenazas
La Lista Roja de la UICN clasifica actualmente a seis de las siete especies de tortugas marinas como “en peligro” o “en peligro crítico”. Las poblaciones de tortuga carey colapsaron desde estimaciones históricas de 11 millones a menos de 30.000 individuos reproductivos. Entre las principales causas documentadas se encuentran la captura incidental en artes de pesca responsable de la muerte de decenas de miles de individuos por año a nivel, la destrucción y perturbación de playas de anidación por urbanización costera, y los efectos del cambio climático sobre la temperatura de incubación.
Estudios recientes en la Gran Barrera de Coral documentan proporciones de hasta 99% de hembras en poblaciones de tortuga verde juvenil, atribuibles al calentamiento sostenido de las arena, con implicancias severas para la viabilidad reproductiva a largo plazo.

en Antalya, Turquía. Por Sercan Jenkins.
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A estas presiones se suma la contaminación plástica. Se estima que el 52% de las tortugas marinas a nivel mundial ingirieron desechos plásticos en algún momento de su vida. Las bolsas plásticas son confundidas con medusas, la cual es presa habitual de varias especies y su ingestión provoca obstrucción intestinal, falsa saciedad, desnutrición y muerte. Esta cifra no describe casos aislados: refleja un océano contaminado de manera sistémica, donde el plástico ha colonizado incluso las zonas más remotas del planeta.
La evidencia de que la conservación funciona
Los datos también ofrecen razones para tener un optimismo, pero hay que ser cauteloso. Donde se implementaron programas sostenidos de protección de playas, reducción de captura incidental mediante dispositivos excluidores de tortugas y control del comercio ilegal, las poblaciones mostraron recuperación. El número de nidos de tortuga laúd en el Pacífico oriental aumentó sostenidamente entre 1989 y años recientes en sitios bajo protección activa. Colonias de tortuga verde en Tortuguero (Costa Rica) y en la isla Ascensión muestran tendencias positivas consistentes con décadas de protección. Esto confirma que la biología de estas especies no es el obstáculo o lo que está afectando su población; las tortugas tienen capacidad de recuperación cuando las presiones antrópicas son reducidas a tiempo.
Pero ¿Qué podemos hacer cómo instituciones de educación superior? Desde las IES tenemos una responsabilidad que va más allá de la docencia. Formamos a quienes tomarán decisiones sobre gestión de nuestras ciudades, país, políticas públicas, ordenamiento territorial, entre otros. Integrar el conocimiento sobre ecología de tortugas marinas, su relevancia y función como indicadores de salud oceánica, su rol en la regulación de ecosistemas, su vulnerabilidad frente a presiones acumuladas, no es solo un gesto para conmemorar un día, sino es parte de una formación enfocada en la sostenibilidad.
El 16 de junio debería recordarnos que la conservación no es un problema del pasado ni del futuro: es una decisión que se toma hoy, con la evidencia disponible, en cada política pública, en cada diseño curricular, en cada elección de consumo. Una especie que atravesó 100 millones de años de historia geológica no debería desaparecer por la incapacidad humana de no lograr asumir sus responsabilidades.
Si quieres saber un poco más, te invito a leer estas referencias del tema:
Bjorndal, K. A. (1997). Foraging ecology and nutrition of sea turtles. En P. L. Lutz & J. A. Musick (Eds.), The biology of sea turtles (pp. 199–231). CRC Press.
Bjorndal, K. A., & Bolten, A. B. (2010). Hawksbill sea turtles in seagrass pastures: success in a peripheral habitat. Marine Biology, 157(1), 135–145.
Bouchard, S. S., & Bjorndal, K. A. (2000). Sea turtles as biological transporters of nutrients and energy from marine to terrestrial ecosystems. Ecology, 81(8), 2305–2313.
Carr, A. (1967). So excellent a fishe: A natural history of sea turtles. Natural History Press.
Jackson, J. B. C., et al. (2001). Historical overfishing and the recent collapse of coastal ecosystems. Science, 293(5530), 629–637.
Jensen, M. P., et al. (2018). Environmental warming and feminization of one of the largest sea turtle populations in the world. Current Biology, 28(1), 154–159.