Día de Limpieza de Playas y Costas

Por Claudia Orellana Cortés
Directora de Sostenibilidad
Universidad de las Américas

La imagen muestra a dos personas depositando residuos de una playa en una bolsa. Imagen de OCG Saving the ocean

Cada mes de septiembre, la conmemoración del Día Internacional de Limpieza de Playas moviliza a miles de personas a lo largo del litoral chileno. Esta iniciativa, coordinada en el país por la Dirección General del Territorio Marítimo y de Marina Mercante de la Armada de Chile, DIRECTEMAR, junto con el Ministerio del Medio Ambiente, constituye un despliegue ciudadano de gran relevancia territorial: anualmente convoca a cerca de diez mil voluntarios en más de un centenar de balnearios y permite retirar decenas de toneladas de residuos antes de que ingresen definitivamente a las cadenas tróficas marinas.

Claudia Orellana Cortés
Directora de Sostenibilidad
Universidad de las Américas

Sin embargo, desde la perspectiva de la gestión de la sustentabilidad y el rol que desempeñan las instituciones de educación superior, este hito no debe concebirse únicamente como una jornada asistencial de aseo o un voluntariado estacional. Su verdadero valor reside en su carácter de diagnóstico socioecológico en origen.

La caracterización sistemática de los desechos que realiza DIRECTEMAR demuestra de forma reiterada que la mayor fracción de la basura costera está compuesta por colillas de cigarrillos, fragmentos de poliestireno expandido, botellas plásticas, tapas y envoltorios de un solo uso; es decir, residuos derivados directamente de los patrones de consumo urbano y actividades recreativas.

La contaminación – un peligro estructural y real

Este dato objetivo evidencia una realidad ineludible: la contaminación de nuestros océanos no comienza en las playas, sino en las cuencas hidrográficas y en los centros urbanos donde se generan, gestionan y descartan los materiales. Por lo tanto, retirar residuos del borde costero ataca el síntoma más visible de la crisis de contaminación, pero resulta insuficiente si no transformamos de manera estructural la relación de la sociedad con los bienes materiales a lo largo de su ciclo de vida.

En este punto es donde el marco regulatorio nacional y la responsabilidad universitaria convergen. Chile ha avanzado significativamente en su arquitectura legal para la economía circular a través de la Ley N.° 20.920 (Ley REP) y la Ley N.° 21.368 sobre plásticos de un solo uso. Ambas normativas reconocen que la respuesta a la contaminación marina no descansa en una capacidad ilimitada de limpieza posterior, sino en la prevención en la fuente, el ecodiseño, la eliminación de descartables innecesarios y la responsabilidad extendida del productor.

El rol de la educación superior

Para las IES, este escenario impone una responsabilidad pedagógica, técnica y comunitaria que debe articularse a través de tres dimensiones prioritarias:

En primer lugar, la coherencia operativa de los campus. Las IES no pueden convocar a sus comunidades a limpiar las costas si simultáneamente operan infraestructuras que fomentan el descarte. Eliminar los plásticos de un solo uso en cafeterías, proveer puntos de recarga de agua potable y establecer redes estandarizadas y trazables de valorización de residuos al interior de las sedes universitarias es la condición de base para legitimar nuestro compromiso institucional. La sustentabilidad debe ser una experiencia vivencial cotidiana para estudiantes y colaboradores.

En segundo lugar, la generación de conocimiento y ciencia aplicada. Los registros de las jornadas de recolección costera representan una fuente valiosa de datos primarios. Las facultades e institutos deben utilizar esta evidencia para investigar dinámicas de transporte de microplásticos, evaluar la toxicidad en biota marina y diseñar modelos circulares de nuevos biomateriales que reemplacen a los polímeros convencionales de corta vida útil. La vinculación con el medio adquiere sentido transformador cuando la academia traduce los datos levantados en el territorio en propuestas de políticas públicas locales y soluciones productivas pertinentes.

La ciudadanía debe ser parte

Finalmente, la formación transversal de ciudadanía es crítica. La participación en estas jornadas debe estructurarse como un ejercicio de aprendizaje y servicio. Levantar un residuo de la arena solo genera un cambio de largo plazo cuando el estudiante comprende la trazabilidad de ese material: de qué insumos fue elaborado, qué huella de carbono generó su manufactura y qué marco regulatorio o falla de mercado facilitó su abandono en el medio natural.

Limpiar nuestras playas es un deber ético y una necesidad urgente de conservación. No obstante, el desafío mayor de la educación superior no consiste en normalizar la recolección periódica de los desechos de la sociedad, sino en formar profesionales y ciudadanos capaces de diseñar un modelo donde la basura marina deje, definitivamente, de existir.

Más Información


Septiembre 25, 2026

Categorías