Educar para la sustentabilidad: el gran desafío

Por Óscar Mercado Muñoz.
Socio Profesional de la Red Campus Sustentable.

Foto de portada para la publicación "Educar para la Sustentabilidad: un gran desafío", escrita por Óscar Mercado. La imagen muestra una mesa sobre la que hay una pila de 4 libros, lápices de colores y tres pequeños cubos, uno sobre el otro, con las letras A, B y C en orden descendente. Sobre los libros hay una manzana roja.

En estos tiempos, donde el individualismo y la inmediatez ganan terreno a un asombroso ritmo, cada vez es más necesario educar para la sustentabilidad, en la esperanza de que una buena educación nos permita restringir estos males y avanzar hacia ella, entendida esta como un nuevo paradigma social que nos lleve a una sociedad más justa y equitativa en lo social y económico, y ecológicamente regenerativa.

Un desafío claro

El problema es que individualismo e inmediatez están fuertemente vinculados a otros males propios de nuestro tiempo: la codicia, el egoísmo y la comodidad, todos ellos fuertemente instalados en la sociedad. Súmele a eso una juventud inmersa en las pantallas y vislumbrará lo difícil que es educar para la sustentabilidad. ¿Cómo logramos por medio de la educación combatir estos males? La respuesta es educar para la sustentabilidad, que en el fondo es educar para que los egresados sean distintos a lo que la sociedad impone hoy como estándar. En el fondo, el desafío es educar en valores, y eso no es fácil.

Foto de Óscar Mercado, autor de Educar para la sustentabilidad: el gran desafío
Óscar Mercado Muñoz
Socio Profesional RCS

El esfuerzo lo hacen muchos educadores a lo ancho del mundo, y hoy parece haber cierto consenso en que esta educación debe abordarse con la mirada puesta en tres ejes: la mente, el corazón y las manos; una educación que haga pensar, que se sienta emocionalmente cercana y que predisponga a actuar en beneficio de otros.

La fórmula necesaria

La pregunta es ¿cómo logramos esa educación? Lo primero es entender que la clase enciclopédica hoy no es efectiva, hoy se requiere la participación plena del estudiante, lejos de su celular, a lo largo de la clase; el actor del aprendizaje es él, no el profesor, que pasa a desarrollar un papel de guía. Lo segundo es acercar el conocimiento a la realidad del estudiante: que el caso, el análisis, el juicio, sea sobre un contexto cercanos y conocido por él. El conocimiento debe hacerle sentido, debe ser posible aplicarlo a su realidad, para que lo sienta, para que emocionalmente le signifique algo.

También es importante pedirles a los estudiantes que desarrollen ideas factibles de cómo actuar para mejorar la situación, cómo puede él aportar su grano de arena a mejorar esa realidad. Cómo puede usar sus manos. Hacerles ver que son parte de la solución.

No es fácil; necesitamos profesores sólidamente formados en educar para la sustentabilidad y que esta educación esté ampliamente presente en toda la malla curricular. La condición de un cuerpo de profesores formado es necesario para que sean capaces de diseñar experiencias de aprendizaje que reúnan los condiciones antes presentadas y tener la capacidad de guiar las actividades en el aula, o en el lugar escogido.

Esto es difícil gracias a que raramente todos los profesores de una institución de educación superior fueron formados adecuadamente en educar la sustentabilidad. Tampoco hemos logrado incorporarla en las mallas curriculares de manera amplia, quizás en el 60 – 70% de las asignaturas. Mientras no alcancemos estos desafíos, educar para la sustentabilidad será un sueño.

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Junio 10, 2026

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