El agua no se pierde: circula

En conmemoración del Día Mundial del Agua. Te invitamos a leer esta columna que te hará reflexionar y considerar con una nueva mirada uno de los recursos más importantes del ser humano. Porque el agua no se pierde: circula.

Por Pablo Villoch
Socio Profesional RCS – Director de Glocalminds

“Los mayores problemas del mundo son resultado de la diferencia entre
cómo funciona la naturaleza y cómo piensa la gente.”
— Gregory Bateson (1972)

Cuando el alarife Pedro de Gamboa trazó las primeras acequias tras la fundación de Santiago del Nuevo Extremo en 1541, lo que hizo en realidad fue reorganizar una infraestructura hidráulica mucho más antigua, posiblemente incaica o preincaica, integrando canales preexistentes al trazado urbano de la nueva ciudad. Aquellas acequias conducían agua hacia cultivos y viviendas, aunque también dieron origen a formas tempranas de organización comunitaria para distribuirla, mantener los canales y resolver conflictos entre usuarios. Con el paso del tiempo, aquellas prácticas evolucionaron hacia las actuales organizaciones de usuarios de agua que aún hoy estructuran gran parte de la gestión hídrica en Chile. 

Cinco siglos después, esa historia sigue teniendo eco.

Una fría y nublada mañana del invierno de 2018 caminábamos con mis estudiantes por el fondo seco de la Laguna de Aculeo. Donde antes había agua se extendía ahora una planicie de barro cuarteado. El paisaje evocaba la memoria de lo que había sido: muelles varados en tierra firme, los nidos vacíos de las garzas ausentes sobre sauces llorones secos que hundían sus raíces en una orilla que había desaparecido. En medio de la conversación, un sandialero local nos dijo algo que quedó resonando en el grupo:

– “Cuando falta el agua, todo se vuelve más difícil, hasta la conversa.”

Aquella frase sencilla contenía una intuición profunda. El agua sostiene simultáneamente ecosistemas, economías locales y relaciones sociales que permiten la vida en común. Y la escasez hídrica afecta a todo ello.

Pablo Villoch
Director GlocalMinds
Socio Profesional RCS

Cada 22 de marzo, el Día Mundial del Agua nos invita a reflexionar precisamente sobre ese tejido —a veces invisible y olvidado— que conecta comunidades humanas y ciclos naturales. La conmemoración busca movilizar acciones para avanzar hacia el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6, orientado a garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todas las personas.

Aunque el agua suele aparecer en la discusión pública bajo la forma de un problema técnico o jurídico, una mirada más amplia permite reconocer fenómenos de mayor profundidad. La manera en que comprendemos el agua termina influyendo inevitablemente en la forma en que diseñamos las instituciones y mecanismos para su gestión. En ese contexto, aquella frase que circuló en el debate público chileno —según la cual “el agua de los ríos se pierde en el mar”— resulta particularmente reveladora. Quienes formulan ese argumento suelen hacerlo desde una preocupación legítima por la seguridad hídrica, la producción agrícola o el desarrollo económico del país. Sin embargo, el funcionamiento del ciclo del agua adquiere mayor complejidad cuando se observa desde una perspectiva sistémica.

Las moléculas de agua que hoy circulan por nuestros ríos forman parte de un ciclo natural que lleva miles de millones de años en funcionamiento. Parte de esa agua pudo haber transitado por océanos primitivos, glaciares antiguos o dinosaurios. Los ríos actuales transportan nutrientes, sedimentos y energía que alimentan ecosistemas costeros y reservas pesqueras, mientras el agua circula entre montañas, suelos, bosques, mares y comunidades humanas en un proceso continuo de intercambio. Según recuerda Juan Pablo Orrego en “Biósfera – Somos Agua”, el agua constituye la matriz de la vida, ya que sus propiedades físico-químicas permiten transportar nutrientes, regular temperaturas y sostener los procesos metabólicos de los organismos vivos. Desde esa perspectiva, el agua que llega al mar no desaparece: continúa participando en el metabolismo del planeta. Las Ciencias del Sistema Tierra refuerzan esta comprensión. Investigaciones recientes muestran que el límite planetario asociado al agua dulce ha sido transgredido, lo que indica que el ciclo hidrológico global está siendo alterado.

Chile ofrece una expresión particularmente visible de esta transformación. Diversos estudios como el informe “Pobres de Agua” publicado por la Fundación Amulén, muestran que cerca de un millón de personas vive en condiciones de escasez hídrica, mientras un 47,2% de la población rural carece de abastecimiento formal de agua potable, dependiendo de pozos, vertientes o camiones aljibe para acceder a este recurso esencial .

Estudiante caminando sobre el lecho de la Laguna de Aculeo, 2018. Por Pablo Villoch

Al mismo tiempo, la gestión del agua se desarrolla dentro de un entramado institucional complejo que implica a decenas de servicios públicos, miles de organizaciones de usuarios, comités de Agua Potable Rural, comunidades de regantes, juntas de vigilancia y asociaciones de canalistas, cada uno con atribuciones sobre distintos componentes del sistema hídrico.

Desde mi privilegiado rol de facilitador en diversos procesos territoriales —desde el Elqui hasta el Maullín— he podido observar que, cuando actores que históricamente han operado de manera fragmentada logran sentarse a conversar con información compartida y metodologías adecuadas de diálogo, comienzan a emerger soluciones que antes parecían imposibles. El desafío aparece entonces ligado a la capacidad de articular estas instituciones dentro de una comprensión sistémica del territorio.

En los últimos años se han impulsado distintos instrumentos. Acuerdos Voluntarios de Gestión de Cuencas, Estrategias Hídricas Locales, Pilotos de Consejos de Cuenca, Mesas y Planes Estratégicos de Recursos Hídricos en Cuenca, junto con iniciativas como el Organismo de Cuenca del río Maipo, impulsado por el Gobierno de Santiago y la iniciativa Escenarios Hídricos de la Fundación Chile, buscan fortalecer una gestión hídrica más integrada orientada hacia la seguridad hídrica en Cuencas Regenerativas. En paralelo, gana reconocimiento el enfoque de las llamadas Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN). Estrategias como ciudades esponja, zanjas de infiltración, paisajes de retención de agua, restauración de bofedales y bosques permiten regular el ciclo hidrológico mientras fortalecen la resiliencia territorial.

El agua no tiene color político ni reconoce fronteras administrativas ni ideológicas. Reconoce, en cambio, el cauce que conecta montañas, ciudades, campos y mares. Comprender los ciclos naturales de ese sistema y aprender a organizar nuestras instituciones en torno a él constituye uno de los desafíos más importantes para Chile de hoy. Recordemos que, así como el mar no rechaza ningún río, el agua no se pierde en el mar. Lo que a veces perdemos es nuestra capacidad de comprender la complejidad del sistema que la hace posible.

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Marzo 22, 2026

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