La naturaleza no pierde su memoria: una reflexión desde Ovalle sobre el cambio climático

Una columna de opinión sobre los ríos atmosféricos en Ovalle, el cambio climático y la urgencia de la adaptación territorial en Chile.

Por Patricia Opazo Barraza
Directora Ejecutiva
Red Campus Sustentable

Desbordes por las fuertes lluvias - Agencia Uno

Escribo estas palabras desde Ovalle, uno de los lugares más afectados por el frente climático que hemos vivido durante los últimos días.

Ovalle es una ciudad que históricamente ha sido sinónimo de sequía, calor, agricultura y viñedos. Sin embargo, en pocas semanas hemos enfrentado cuatro ríos atmosféricos de una intensidad poco habitual.

¿Son realmente fenómenos fuera de lo común?

Patricia Opazo Barraza
Directora Ejecutiva
Red Campus Sustentable

Mientras algunos observábamos con preocupación las inundaciones, olas de calor y otros eventos extremos que afectaron al hemisferio norte durante su invierno, era inevitable que pensara que esos mismos efectos llegarían a nuestro territorio en la siguiente temporada.

Hoy vemos cómo ríos recuperan su cauce, quebradas que permanecieron secas durante décadas vuelven a llenarse de agua y la naturaleza reclama espacios que nunca dejaron de ser suyos. Quienes olvidamos eso fuimos nosotros.

La naturaleza no pierde su memoria; el ser humano sí.

Miles de científicos llevan décadas advirtiendo que el cambio climático intensificará los fenómenos extremos. Probablemente no serán más frecuentes, pero sí más intensos, más destructivos y más difíciles de enfrentar. Esto ocurre porque hemos alterado profundamente los ciclos naturales del planeta. No debemos permitir que se instale la duda: la evidencia científica es clara en que el cambio climático tiene un origen humano.

Frente a esta realidad, no podemos quedarnos de brazos cruzados esperando que el próximo evento afecte a otra ciudad y no a la nuestra.

Necesitamos tomarnos en serio la adaptación al cambio climático. No basta con reaccionar cuando el daño ya está hecho. Debemos prepararnos desde nuestras decisiones personales, pero también exigir respuestas colectivas. Es necesario fortalecer las políticas públicas, mejorar los instrumentos de planificación territorial, invertir en infraestructura resiliente y desarrollar capacidades para enfrentar un escenario climático cada vez más complejo.

Al mismo tiempo, debemos proteger los sistemas naturales que amortiguan los impactos de estos eventos: humedales, bosques, cuencas, vegetación nativa y otros ecosistemas que actúan como línea de defensa frente a inundaciones, sequías y deslizamientos.

Este frente climático pasará. Volveremos a nuestras rutinas, a nuestros trabajos y a confiar en que las labores de reconstrucción resolverán las consecuencias. Sin embargo, el verdadero riesgo es que también volvamos a olvidar, convencidos de que la próxima vez el desastre ocurrirá en otro lugar.

No olvidemos.

Aprendamos de lo que estamos viviendo para construir comunidades más preparadas, resilientes y responsables.

Porque, al final, deberíamos parecernos un poco más a la naturaleza: ella nunca pierde su memoria.

Foto Destacada “Desborde por las fuertes lluvias” cortesía Agencia Uno – El Desconcierto

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Julio 24, 2026

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